La escalada del conflicto en el Golfo Pérsico ha desencadenado una grave crisis energética global, tras la interrupción parcial del suministro de petróleo debido a las tensiones en el estrecho de Ormuz.
Según reportes internacionales, el cierre de esta vía estratégica ha provocado la reducción de cerca del 10 % del suministro mundial de crudo, generando un fuerte impacto en los mercados energéticos y elevando los precios del combustible a niveles récord.
Organismos como el Fondo Monetario Internacional y la Agencia Internacional de la Energía advierten que la situación podría derivar en una recesión global, si el conflicto se prolonga y no se restablece el flujo normal de hidrocarburos.
Los efectos ya se hacen visibles en distintas regiones. Países de Asia y África enfrentan racionamiento de combustibles, mientras que en Europa crece la preocupación por la posible escasez de diésel y queroseno, fundamentales para el transporte y la industria.
Analistas señalan que la crisis no solo impacta el sector energético, sino que también presiona la inflación y desacelera la economía global, afectando el costo de vida y la estabilidad de los mercados.
La incertidumbre en el Golfo posiciona al suministro energético como uno de los principales focos de tensión internacional en 2026.

