En los libros de Enoc, así como en el evangelio de Tomás y en el libro apócrifo de Judas, se cuenta claramente la historia de la creación del universo.
En el libro de Enoc se narra el viaje que hizo el bisabuelo de Noé (Enoc), describiendo la caída de los ángeles, la existencia de los gigantes Nefelim y el juicio y final del Mesías. Este libro se encuentra en muy pocas Biblias, solo un pequeño comentario en el Nuevo Testamento, en Judas 1:14.
Según este texto, la gran energía, el centro del universo, la llamada MONADA —ente que, cuando respira, expulsa energía divina creando vida—, tenía unos hijos o seres espirituales energéticos llamados ángeles vigilantes, quienes, al ver la unión de los seres humanos —es decir, mujeres y hombres en procreación—, se sorprendieron y, seducidos por la belleza de las mujeres y hombres terrenales, bajaron sin permiso de la MONADA, teniendo relaciones sexuales con los seres humanos, procreando miles de hijos mitad dios, mitad humanos.
A estos seres, engendros de ángeles caídos, se les llamó Nefelim (Génesis 6:1-6); eran gigantes formidables. A propósito de estos, les comento que la única mujer igual a Adán, con las mismas características energéticas, que no era Eva y que fue la primera mujer de este, fue LILITH (Isaías 34:14), quien, no estando conforme con la poca virilidad de este, decide llevar una vida poco ortodoxa desde su sexualidad, siendo castigada por Dios, a petición de Adán, a ser desterrada y lanzada al desierto, donde se encuentra con estos Nefilim, procreando miles de seres de esta unión.
Estos gigantes fueron neutralizados por la MONADA, lanzados al inframundo y mantenidos allí en castigo perpetuo. Algunas sociedades secretas en la actualidad se consideran herederas de estos Nefelim.
Por otro lado, la MONADA, o el ente superior —la sustancia infinita, diría Baruch Spinoza—, al respirar energía divina y vital, forma vida creando las llamadas DIADAS; es decir, el paso de la MONADA a la dualidad, a los pares dialécticos mujer/hombre, bien y mal, etcétera.
Estas diadas crean otros universos con millones de átomos. En consecuencia, una de estas diadas, de nombre Sofía, decide crear un ser por sí misma y crea un ser horrible y terrible monstruo, llamado el DEMIURGO. Luego, Sofía, observando la bestia que creó, lo desecha y lo esconde, arrepentida, en una capa de nubes en lo profundo del universo.
Este DEMIURGO, que no sabe cómo fue creado y no conoce a su madre, se considera amo absoluto y señor del universo, y crea a los seres humanos y a la Tierra como en este momento la conocemos.
En las sociedades secretas, este DEMIURGO es el falso Dios, e indican que nosotros, desde nuestras oraciones judeocristianas, adoramos a un Dios que no es el verdadero Dios; que el verdadero Dios es la MONADA.
Por esa razón, la MONADA envía a Jesús a la Tierra a decir la verdad y a entregar su vida, explorando y aflorando la chispa de energía divina interna que cada uno de nosotros tenemos.
En consecuencia, las sociedades secretas han conspirado, desde sus creaciones, contra los Nefelim, que para estas son los grandes poderes fácticos, como: los Soros, la banca Rothschild, BlackRock y todo el poderío del lobby sionista israelí, aunque muchas han sido infiltradas por estos poderes multimillonarios a su favor y conveniencia.
Una manera de argumentar por medio del secreto de estas sociedades es la encriptación de mensajes, usando la poesía, y el mejor ejemplo de ello es el impresionante escrito del poeta inglés John Milton titulado “El paraíso perdido”, que recomendamos leer. Allí se puede apreciar cómo Milton describe los dos discursos de Satanás, colocándolo como un ser nada manipulador, que siempre dice la verdad, en ocasiones muy honesto. Recordemos que Satanás es un Nefelim que está en contra del DEMIURGO, al cual considera un falso Dios, y se lo hace saber a Adán y a Eva, corroborando luego esta narrativa la misma Biblia.
Leer el poema de Milton “El paraíso perdido” e internalizarlo es conocer a profundidad el verdadero mundo de la cultura inglesa y angloamericana con su excepcionalísimo supremacista.
En el impresionante texto se describen los dos principales discursos de Satanás:
El primer discurso plantea el plan de los demonios para vencer al falso Dios, el DEMIURGO, como líder fundamental, conocedor de todos los caminos para ir desde el inframundo del universo a la Tierra y el porqué; y en el segundo, convencer a Adán y a Eva de que el Dios que les prohíbe comer del árbol de la sabiduría y la vida es un falso Dios.
En palabras domésticas, la lucha entre el mal y el bien es parte de la respiración de la MONADA, de la Sustancia Infinita que, como una diada, permite la expansión del universo. Esa pelea del mal/bien es entre los Nefelim que permanecen en la Tierra (los poderes fácticos), es decir, los demonios, contra el DEMIURGO (el falso Dios).
Ahora bien, la semana pasada, el conglomerado tecnológico PALANTIR presentó al mundo un comunicado de 22 puntos. Es la primera vez en la historia del mundo que un conglomerado amenaza al mundo y le indica prácticamente hacia dónde deben ir, y lo hace sin sonrojarse, desde la mutación del capitalismo normal, como lo conocemos, al capitalismo tecnológico o neotecnologismo.
En este asombroso comunicado, Palantir indica hacia dónde debe ir el mundo: plantea que el mundo debe ser controlado por el software de la IA; propone la creación de miles de guerras para la desaparición humana y la utilización de robots en su relevo, especialmente en la confrontación directa con la República Popular China, principal enemigo; también propone la instauración del Estado y la sociedad tecnológica, eliminando los Estados nación, donde las empresas tecnológicas controlen totalmente al ser humano.
En este caso, Palantir se convierte en Nefelim y DEMIURGO a la vez, intentando igualarse a la MONADA, esto desde la mirada de Palantir como una sociedad secreta distorsionada que apunta a ser inmortal.
En consecuencia, debemos prepararnos desde nuestra conciencia para enfrentar el bien y el mal como una diada natural, ahora encriptada en la IA. Busquemos en nuestro interior esa chispa que aún perdura, muy disminuida, de nuestra fuente universal de energía divina para sobrevivir.

