Las gafas inteligentes prometen convertirse en una alternativa al teléfono móvil, pero su capacidad para grabar imágenes, captar sonidos y analizar lo que ocurre alrededor del usuario también genera nuevos riesgos de privacidad y seguridad.
Modelos como las Ray-Ban Meta, las gafas desarrolladas por Google junto con Samsung y Qualcomm bajo Android XR, y las Specs de Snap incorporan cámaras y micrófonos que permiten registrar información prácticamente sin interrumpir la actividad cotidiana.
Uno de los escenarios que más preocupa a los especialistas es el llamado shoulder surfing: una persona podría utilizar las cámaras para observar desde cierta distancia cómo otra introduce su PIN bancario, contraseña o información confidencial en un cajero, teléfono u ordenador.
El problema aumenta cuando estas imágenes pueden combinarse con tecnologías de reconocimiento facial e inteligencia artificial, permitiendo recopilar información sobre personas y construir perfiles digitales que posteriormente podrían utilizarse para fraudes, suplantaciones o campañas de ingeniería social.
También existe preocupación por las grabaciones realizadas sin consentimiento. A diferencia de un teléfono sostenido frente al rostro, unas gafas pueden parecer completamente normales, haciendo más difícil que las personas sepan cuándo están siendo fotografiadas o grabadas.
La controversia ya ha provocado restricciones en algunos lugares. Tribunales, establecimientos y eventos han comenzado a prohibir las gafas con cámaras debido a preocupaciones relacionadas con el acoso y la privacidad.
Sin embargo, los expertos advierten que no se debe demonizar toda la tecnología. Las gafas inteligentes también ofrecen importantes beneficios, especialmente para personas con discapacidad visual o dificultades de movilidad. El desafío será establecer reglas claras de privacidad y mecanismos efectivos que indiquen cuándo se está grabando.

