Tomar un vaso de leche antes de dormir es una costumbre habitual, pero para algunas personas puede provocar más molestias durante la noche que durante el día.
Una de las principales razones está relacionada con la digestión. Al acostarse poco después de consumir leche, especialmente si se trata de una cantidad considerable o de leche entera, algunas personas pueden experimentar sensación de pesadez o favorecer episodios de reflujo.
Otro factor es la lactosa, el azúcar natural de la leche. Quienes presentan intolerancia pueden desarrollar gases, hinchazón, cólicos o malestar abdominal. Estos síntomas pueden resultar especialmente incómodos cuando aparecen durante el descanso nocturno.
También influye el momento y la cantidad consumida. No es lo mismo beber una pequeña cantidad varias horas antes de acostarse que tomar un vaso grande inmediatamente antes de ir a la cama.
Sin embargo, los especialistas señalan que no existe una regla general que indique que la leche sea perjudicial por la noche. Si una persona la tolera bien y no presenta síntomas, puede consumirla como parte de una alimentación equilibrada.
En cambio, si aparecen repetidamente acidez, hinchazón, gases o dolor abdominal después de tomar leche, especialmente por la noche, conviene observar la relación entre el consumo y los síntomas y consultar con un profesional de la salud si las molestias persisten.

