El secretario del Ejército de Estados Unidos, Dan Driscoll, presentó su renuncia al presidente Donald Trump después de meses de crecientes tensiones con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en una nueva sacudida dentro de la cúpula militar estadounidense.
Driscoll, quien ocupa el cargo desde febrero de 2025, comunicó su decisión después de conversar con Trump sobre la situación del Ejército. Su salida está prevista para los próximos días, según fuentes citadas por medios estadounidenses.
La relación entre Driscoll y Hegseth se había deteriorado por diferencias sobre la modernización del Ejército, la preparación de las tropas y los cambios en la cúpula militar. Uno de los principales puntos de fricción fue la destitución del general Randy George como jefe del Estado Mayor del Ejército, decisión atribuida a Hegseth y adoptada sin conocimiento previo de Driscoll.
Driscoll había impulsado una transformación del Ejército orientada a incorporar nuevas tecnologías, especialmente drones y sistemas antidrones, además de acelerar la adquisición de armamento y reducir la dependencia de los grandes contratistas de defensa. También desempeñó un papel en los esfuerzos diplomáticos de la administración Trump para buscar una salida al conflicto entre Rusia y Ucrania.
La Casa Blanca no presentó la renuncia como consecuencia de un conflicto interno. Su portavoz, Anna Kelly, calificó a Driscoll de funcionario “altamente efectivo” y destacó su trabajo para mejorar la preparación y capacidad operativa del Ejército.
Sin embargo, su salida profundiza la incertidumbre sobre la conducción del Ejército. Con la partida de Driscoll, el servicio queda temporalmente sin un secretario civil confirmado por el Senado y continúa con una conducción militar interina tras la salida de su anterior jefe de Estado Mayor.
La renuncia ocurre además mientras Estados Unidos mantiene importantes operaciones militares en Medio Oriente, lo que aumenta la relevancia de cualquier disputa relacionada con la preparación y conducción de sus Fuerzas Armadas.

