Rusia ejecutó un nuevo ataque masivo contra varias regiones de Ucrania en el que, según su propio Ministerio de Defensa, empleó por primera vez de forma reconocida el misil hipersónico ‘Oreshnik’, un arma de largo alcance capaz de portar ojivas nucleares. Moscú presentó la operación como una represalia por un supuesto “ataque terrorista” ucraniano contra la residencia de Vladímir Putin, una versión que Kiev niega y cuya credibilidad también ha sido puesta en duda por el presidente estadounidense Donald Trump.
El Ministerio de Defensa ruso aseguró que en la ofensiva se utilizaron armas “de alta precisión y largo alcance”, entre ellas el sistema hipersónico ‘Oreshnik’, además de drones y otros misiles dirigidos contra lo que describió como “instalaciones de importancia crítica” en territorio ucraniano. Este es el primer reconocimiento público por parte de Moscú del uso de ese tipo concreto de misil en la guerra, subrayando su capacidad de transportar carga nuclear aunque no se ha indicado que en este caso se haya utilizado con esa configuración.
El Kremlin enmarca el ataque como respuesta a un presunto intento ucraniano de asesinar a Putin mediante un ataque con drones contra su residencia en la región de Nóvgorod el 29 de diciembre de 2025. Ucrania ha desmentido tajantemente esa acusación y Washington también ha puesto en cuestión la versión, sugiriendo que podría formar parte de la narrativa rusa para justificar una escalada.
En Kiev, los bombardeos dejaron al menos cuatro personas muertas y una veintena de heridos, de acuerdo con el balance inicial de las autoridades ucranianas. Parte del complejo de la Embajada de Qatar en la capital resultó alcanzado, aunque no se ha informado de víctimas mortales entre el personal diplomático.
Los ataques se suman a otros recientes en ciudades como Jersón, donde un impacto contra una cafetería provocó la muerte de tres personas, y en la región de Odesa, donde se reportó al menos un fallecido y ocho heridos por bombardeos sobre infraestructuras portuarias. En las últimas semanas, los misiles y drones rusos han dejado sin suministro eléctrico a varias zonas del país, afectando de forma reiterada a servicios básicos y a la red energética.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, calificó la ofensiva como un “ataque masivo” sin justificación militar y reclamó “una reacción clara por parte del mundo” ante el uso de armamento de este tipo contra ciudades y objetivos civiles. El mandatario subrayó que Rusia está utilizando los bombardeos para tratar de quebrar la resistencia interna y presionar a Ucrania y a sus aliados en un momento clave de las negociaciones sobre seguridad.
Zelenski también recordó los esfuerzos diplomáticos que mantiene con la denominada Coalición de Voluntarios, un grupo de países que trabaja en un marco de garantías de seguridad vinculantes para Kiev con apoyo previsto de Estados Unidos. En ese contexto, denunció que el uso de armas hipersónicas por parte de Moscú evidencia que el Kremlin no busca desescalar, sino reforzar su capacidad de intimidación militar.
El ataque con ‘Oreshnik’ se produce mientras Ucrania y varios aliados europeos perfilan un posible plan de paz y discuten el diseño de una futura fuerza internacional que, llegado el momento, pueda contribuir a garantizar la seguridad en el país. Zelenski destacó recientemente los “avances concretos” en una reunión en París con jefes de Estado y de Gobierno de la Coalición de Voluntarios, de la que surgieron una declaración conjunta y un documento trilateral con Francia y Reino Unido.
Rusia, por su parte, ha denunciado estas iniciativas como parte de un supuesto “eje de guerra” y asegura que cualquier despliegue internacional en apoyo de Kiev sería percibido como una amenaza directa a la seguridad europea y rusa. El empleo de un misil hipersónico con capacidad nuclear en este contexto aumenta la preocupación por una escalada cualitativa del conflicto y complica aún más los esfuerzos diplomáticos para encauzar una salida negociada.

