Buena parte de la vida tenemos debates sobre qué cosas creer o no, justo por la insistencia de saber y tener más conocimiento, porque, hablemos claro, no hay realidad sin contexto y de él depende nuestra conducta a futuro; sin embargo, el pasado te persigue si no hay aceptación del error cometido sobre el engaño.
Dentro de este orden de ideas, muchas cosas han pasado en Venezuela en estas semanas de enero de 2026, pero lo más perturbador para una gran masa poblacional venezolana es descubrir cómo la mentira ha sido el norte del pseudogobierno revolucionario y, aunque este no la manifiesta públicamente, debe ser muy desconcertante comprender la farsa que montaron durante tantos años.
Ahora bien, de todas las formas, este grupo político argumentó por décadas la necesidad de comprar armamento moderno a países como Rusia y China para cuidar la paz regional, incluso dejando equipos perderse por falta de mantenimiento debido a una insulsa pelea con EE. UU., el proveedor principal. Después hacían alarde de estas armas en cada desfile militar, como niño con juguete nuevo. ¿Y qué pasó? En menos de cuatro horas, el tres de enero, fueron neutralizados y se llevaron a Nicolas Maduro.
En este mismo contexto, el sistema chavista-madurista negó tajantemente la participación de componentes militares cubanos dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas, y este día fueron neutralizados oficialmente treinta y dos de ellos. No sabemos si son más, pero lo cierto es que sí estaban y, de remate, cuidaban la seguridad de su líder.

Por lo demás, se dijo que no había presos políticos en Venezuela y resulta que hoy en día terminan liberando a una gran cantidad de personas sin gran papeleo y dan como pretexto la búsqueda de la paz; entonces reconocen que había una guerra contra una parte de la población por el simple hecho de pensar distinto.
Tenemos, pues, que hoy en día cambian lo predicado por años sobre soberanía petrolera, modificando la Ley de Hidrocarburos para una nueva apertura petrolera, la que satanizó su máximo líder, Chávez.
En otras palabras, cuando no tienes argumentos válidos para justificar una mala acción y gestión de gobierno, se recurre a la falsedad y, por consecuencia, siempre habrá, por las razones que sean, quien lo crea; pero cuando se empieza a descubrir cada una de estas, no cabe más que decir: más rápido cae un mentiroso que un cojo.
Es decir, cada día que pasa se va confirmando lo falso de todo el sistema político instalado en Venezuela por décadas. Y ojo, que la ingenuidad no es una de mis características, pero ¿y los seguidores del chavismo, en su intimidad, ¿qué pensarán?, porque lo que dicen lo sabemos desde hace años.
Es válido reconocer la equivocación; no se pierde nada en eso. Pero lo que, a mi parecer, no debería suceder es que este grupo de pseudopolíticos pretenda que se les dé otra oportunidad. Esas bases deben buscar a sus nuevos líderes, pudiendo llevar diferentes banderas, construyendo una plataforma para lograr espacios políticos, desligándose de esta banda de farsantes que los ha llevado por un camino sin sentido y de futuro incierto, lejos de engaños y trapisondas, dispuestos a entenderse con los demás ciudadanos de Venezuela.
Finalmente, corresponde recordar que toda sociedad democrática se sostiene sobre la verdad, la responsabilidad y el respeto a las normas que regulan la convivencia pública. Cuando el poder se ejerce desde la mentira sistemática y la negación de los hechos, se erosiona no solo la confianza ciudadana, sino también la legitimidad institucional. La reflexión, entonces, debe conducir a la exigencia de rendición de cuentas y al compromiso colectivo de no repetir los errores del pasado, entendiendo que la ley y la ética no son obstáculos para gobernar, sino los pilares indispensables para construir un futuro común estable y justo.
Un fraterno abrazo a todos.
Corrector de estilo: Licenciada Milenka Mancilla Velásquez.


