Un grupo de investigadores del Centro Oncológico Integral Lombardi de la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos, identificó un mecanismo biológico que ayudaría a explicar por qué el cáncer de mama se vuelve más agresivo y mortal con el envejecimiento.
El estudio, publicado en la revista científica Nature Communications Biology, señala que el envejecimiento no solo incrementa el riesgo de desarrollar cáncer, sino que también modifica el organismo de manera que favorece la expansión de los tumores hacia otros órganos.
Los científicos centraron su investigación en una proteína llamada RAGE (Receptor de Productos Finales de Glicación Avanzada), vinculada a procesos inflamatorios crónicos. Según los hallazgos, este receptor se vuelve más activo con la edad y facilita la metástasis, especialmente hacia los pulmones.
Para llegar a esta conclusión, el equipo trabajó con modelos experimentales de cáncer de mama triple negativo, considerado uno de los subtipos más agresivos de la enfermedad. Los investigadores descubrieron que los animales de mayor edad desarrollaban muchas más metástasis pulmonares que los jóvenes, aun cuando el tumor principal crecía de manera similar.
El estudio también detectó que el envejecimiento eleva la presencia de moléculas inflamatorias como las proteínas S100 y HMGB1, las cuales activan el receptor RAGE y crean un entorno favorable para que las células cancerosas invadan otros tejidos del cuerpo.
Barry Hudson, investigador principal del trabajo, explicó que durante años la mayoría de experimentos sobre cáncer se realizaron en animales jóvenes, lo que limitó la comprensión del impacto real del envejecimiento sobre el comportamiento de los tumores. “El envejecimiento altera la función inmunitaria y genera estados inflamatorios crónicos que influyen directamente en la progresión del cáncer”, sostuvo el especialista.
Los resultados podrían abrir nuevas líneas de tratamiento orientadas a bloquear la actividad del receptor RAGE y reducir así el riesgo de metástasis en pacientes mayores. Los investigadores consideran que esta vía podría convertirse en un objetivo terapéutico importante para combatir las formas más letales del cáncer de mama.

