Un artículo reciente sobre neurociencia de la lectura explica que leer no solo alimenta la imaginación: también reorganiza el cerebro al activar de forma simultánea redes vinculadas a la vista, el lenguaje, la memoria y las emociones. Cada palabra pone en marcha circuitos que procesan información visual, evocan recuerdos, generan imágenes mentales y disparan respuestas afectivas, lo que convierte la lectura en un entrenamiento complejo que refuerza la concentración, la empatía y la capacidad de análisis.
El neurólogo Gurutz Linazasoro detalla que, cuando leemos, el cerebro libera dopamina, serotonina, endorfinas y oxitocina, sustancias asociadas al placer, la calma, el bienestar y la capacidad de empatizar con los personajes y sus situaciones. Este ejercicio constante de conexión entre palabras, recuerdos y emociones fortalece la neuroplasticidad y puede retrasar el deterioro cognitivo, actuando como un auténtico “gimnasio mental” a largo plazo.
Respecto a si es bueno releer libros, los especialistas señalan que volver sobre un mismo texto activa de manera intensa los circuitos de la memoria y la recuperación de recuerdos, muchos de ellos con fuerte contenido emocional. El cerebro, que funciona como una máquina de hacer predicciones, anticipa lo que va a ocurrir, pero al mismo tiempo detecta escenas o matices que pasaron desapercibidos en la primera lectura, lo que puede provocar una reinterpretación del argumento y una comprensión más profunda de la obra.
Diversos estudios citados en el análisis subrayan que la relectura no es una pérdida de tiempo, sino una forma de consolidar aprendizajes, reforzar conexiones neuronales y mejorar la fluidez lectora, sobre todo en lectores en formación. En conjunto, leer de forma habitual —y releer determinados libros— contribuye a mejorar la atención, la imaginación, el vocabulario y la reserva cognitiva, factores asociados a un mejor rendimiento intelectual y a una mayor protección frente al deterioro ligado a la edad.

