El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvo que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se expone a un porvenir “muy malo” si los socios europeos no colaboran con Washington en las operaciones destinadas a garantizar la reapertura del estrecho de Ormuz, un corredor clave para el transporte mundial de petróleo. En declaraciones difundidas tras una entrevista con el Financial Times, el mandatario remarcó que “es lógico que quienes se benefician del estrecho ayuden a garantizar que allí no ocurra nada malo”, en alusión a la fuerte dependencia de Europa y China del crudo procedente del Golfo.
Trump vinculó esta exigencia con la ayuda que Estados Unidos ha proporcionado a sus aliados en otros escenarios de conflicto, como Ucrania, y advirtió que una falta de respuesta o una respuesta negativa a la petición norteamericana tendría “consecuencias muy malas para el futuro de la OTAN”. Sus palabras se producen en un contexto de creciente tensión militar en la región, después de que el estrecho de Ormuz quedara bloqueado de facto por fuerzas iraníes como represalia a la ofensiva lanzada por Washington e Israel contra Irán a finales de febrero, lo que ha intensificado la preocupación por el suministro energético global.
Desde el inicio de la crisis, analistas y gobiernos han subrayado el carácter estratégico del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del petróleo que se comercializa en el mundo, y han advertido de los riesgos que un cierre prolongado tendría para los precios internacionales y la estabilidad económica. En este escenario, la presión de la Casa Blanca sobre sus aliados de la OTAN añade una dimensión política adicional al conflicto, al situar la cohesión de la Alianza Atlántica en el centro del debate sobre la seguridad energética y la respuesta conjunta frente a Irán.


