Días antes de los anuncios dados por la presidenta encargada, Delcy Eloína Rodríguez Gómez, referentes a la brutal crisis energética que vive el país y a la llegada del llamado fenómeno de El Niño —que, a todas luces, viene súper/potenciado—, a tal punto que los expertos hablan de sequías intensas y cambios climáticos extremos desde agosto de este año y durante los primeros meses de 2027, el encargado de negocios gringo, el “Súper John”, ya estaba instalado en la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar (El Guri), acompañado de un importante grupo de expertos, entre representantes del Departamento de Estado norteamericano y técnicos especialistas, con la intención, según sus propias palabras, de:
“…realizar un diagnóstico técnico y rediseñar una ruta de modernización que ayude a estabilizar el sistema eléctrico del país y apoyar su recuperación económica…”.
Tres objetivos fundamentales plantean esta interesante visita, según el Departamento de Estado:
- Diagnóstico técnico: evaluar el estado real de la infraestructura.
- Plan de modernización: trazar una hoja de ruta para estabilizar y actualizar la tecnología y corregir fallas.
- Insertar las continuas inspecciones como supervisión obligada, que apunten a garantizar de manera eficiente la explotación petrolera por parte de los EE. UU. en Venezuela.
Para nadie es un secreto que, para hacer eficiente y eficaz la producción petrolera en el país, la mejora del Sistema Eléctrico Nacional es fundamental, lo cual es de suma importancia para las corporaciones energéticas del mundo que desean llevar a cabo la extracción petrolera en Venezuela.
También es conocido que una de las condiciones primarias exigidas por estas corporaciones es que la estabilización eléctrica, que depende de la Hidroeléctrica Simón Bolívar, se mantenga al día y estable, sin los riesgos que producen las fallas estructurales de El Guri. Estas se han convertido, según expertos norteamericanos, en obstáculos históricos que impiden el flujo eléctrico masivo y constante para reactivar pozos, refinerías y estaciones de bombeo.
También con estas supervisiones e intervenciones directas estadounidenses se busca desplazar a las corporaciones petroleras de China, Rusia e Irán, etcétera, que en este momento tienen negocios con Venezuela, para dar paso a empresas estadounidenses como General Electric y Siemens, así como garantizar a los EE. UU. la seguridad energética global.
Aunque el Gobierno venezolano anunció negociaciones con las empresas General Electric, estadounidense, y la empresa rusa INSA/IMPSA, que buscan:
Con la primera, General Electric, un incremento de 7.400 megavatios al sistema en cuatro años, y con la segunda, INSA/IMPSA, 2.400 megavatios, con la culminación de la Central Hidroeléctrica de Tocoma y la optimización de la Central Hidroeléctrica de Macagua, en el estado Sucre.
Es importante indicar que la administración encargada ha solicitado a la mayoría de las empresas operadoras de explotación petrolera que van a realizar la extracción energética en el país, como Chevron y otras, la obligación de generar sus propios sistemas eléctricos.
Igualmente, la administración de Delcy Eloína pondera toda su atención a los grandes trabajos de infraestructura que estas grandes empresas norteamericanas y rusas desarrollarán en el país, perdiendo prácticamente su atención en las empresas chinas e iraníes, que siempre se han manejado dentro de los servicios de plantas termoeléctricas y sistemas de control.
En palabras sencillas y domésticas, el esfuerzo que se está haciendo para mejorar, o diríamos intentar mejorar, el Sistema Eléctrico Nacional, que, sea dicho de paso,
“…fue desmantelado por los mismos especialistas y expertos norteamericanos o por el Departamento de Estado norteamericano, cuando el sabotaje petrolero del 2 de diciembre de 2002, en la administración del presidente Chávez…”.
No busca mejorar los servicios eléctricos directamente a las familias venezolanas, sino, al contrario, busca la estabilización eléctrica para el mejoramiento en la eficiencia y eficacia de la producción y explotación petrolera y, de alguna manera, no como prioridad, ofrecer, desde la teoría del goteo de la copa llena, satisfacer las necesidades de la población venezolana.

