Petróleo bajo tierra como arma geopolítica, con fuerte control de los ingresos auditados por los EE. UU. y participación e impresionante inversión extranjera.
El pasado viernes 28 de este mes, para ser exactos, la presidenta encargada, Delcy Eloína Rodríguez Gómez, y casi al unísono el presidente Donald Trump anunciaron al mundo la firma de lo que ellos consideran un gran pacto energético-petrolífero que beneficiará a las economías venezolana y estadounidense. El propio presidente Trump llegó a denominarlo como:
«El mayor acuerdo petrolero en la historia del mundo».
(The biggest oil deal in world history).
Y ciertamente es un acuerdo histórico, ya que presenta una serie de variables que ponen en juego las diferencias e igualdades entre las administraciones que, según palabras de la presidenta encargada:
«Venezuela decidió tratar las diferencias con los EE. UU. desde la perspectiva diplomática».
Es decir, no a la guerra ni a la resistencia popular (las negritas son nuestras), y avanzar en la recuperación económica, social y política de Venezuela.
Por ser este acuerdo de altísimo interés nacional e internacional, que marca un hito en la geopolítica energética mundial, en momentos en los que se agudizan las guerras por el control de las riquezas del mundo, y por ser nuestra patria, lógicamente, la primera reserva mundial de petróleo y otras riquezas, estoy obligado a realizar un ordenado resumen o intentaré ordenar lo impresionante e importante del acuerdo.
En consecuencia, lo voy a dividir en escenarios que pudiesen facilitar la comprensión y el entendimiento de lo que significa este multimillonario acuerdo, por lo menos en un tiempo de más de 25 años, prorrogables a 100 años. Es decir, el convenio firmado impactará a varias generaciones de venezolanos.
Presento de antemano disculpas por lo extenso del escrito. Solo pretendo informar de manera precisa, haciendo un gran esfuerzo de sistematización, para que esto permita el consumo didáctico de nuestros respetuosos lectores.
ESCENARIO ENERGÉTICO
Obra maestra del realismo político norteamericano («America First», «América Primero»).
1. Duplica las reservas energéticas de los EE. UU. a costo cero para los contribuyentes estadounidenses.
2. Control masivo de 65 mil millones de barriles de crudo pesado y extrapesado, aproximadamente del 21 % del petróleo en la Faja Petrolífera del Orinoco.
3. Inyección de capital privado internacional: se invertirán más de 100 mil millones de dólares para la reconstrucción de la empresa petrolera venezolana.
4. Disminuye los precios de la gasolina a nivel interno de los EE. UU.
5. Derecho sobre el 55 % de la producción y adquisición del petróleo a precio de costo.
6. Con esta impresionante inyección de crudo se reforzarán las reservas estratégicas energéticas norteamericanas, así como sus reservas militares (discurso de Marco Rubio y Pete Hegseth).
7. La obligación de Venezuela de comprar productos norteamericanos.
8. Se erosiona prácticamente el control chino, ruso y, especialmente, de Irán en la Faja Petrolífera del Orinoco, al realizar exploraciones y explotaciones, así como su distribución en 17 yacimientos estratégicos, que son el «lomito» de esta faja.
9. Parece que la Casa Blanca decide no controlar desde el punto de vista militar a Venezuela, sino que lo hace desde el punto de vista energético, transfiriendo todo el riesgo financiero a las corporaciones privadas.
10. Se mantiene el control y mecanismo de custodia de los ingresos a Venezuela por parte de los EE. UU. en cuentas en Catar.
11. Las regalías para Venezuela estarán ubicadas en un 16 % y el impuesto sobre la renta en un 34 %. El ingreso neto será de 19 dólares por barril.
12. La proyección a 25 años se estima para Venezuela en 209.335 millones de dólares.
Finalmente, la presidenta encargada, Delcy Eloína, insiste en que Venezuela mantiene el control de su soberanía, el control jurídico del subsuelo y de sus recursos naturales, y defiende el tratado como una cooperación comercial, donde Venezuela coloca el recurso energético y los EE. UU., a través del Estado norteamericano y por medio del sector privado internacional, ponen todo el financiamiento de 100 mil millones de dólares, indispensable para la inversión en la recuperación de nuestra empresa petrolera, así como mantener el control, por medio de las sanciones, del ingreso en divisas producto de estas operaciones hacia Venezuela, necesarias para su desarrollo económico.
ESCENARIO DE LAS SANCIONES
1. Se mantiene el control estricto de los ingresos por este convenio de los EE. UU. hacia Venezuela (asimetría del ingreso).
2. El mecanismo de control son las cuentas en el exterior (cuentas en bancos de Catar). Es decir, las regalías y el impuesto sobre la renta no llegan directamente al fisco nacional ni al BCV para su distribución.
3. Se produce una pérdida de autonomía fiscal; se reduce significativamente el impacto macroeconómico del acuerdo.
4. Dependencia del arbitraje político: si hay un cambio de postura en la Casa Blanca, los EE. UU. pueden congelar estos ingresos al país.
5. Asimetría del beneficio: mientras los EE. UU. reciben el beneficio inmediato, Venezuela lo recibirá a mediano y largo plazo, pero controlado.
6. El argumento fuerte y pragmático de la administración de la presidenta encargada, Delcy Eloína, es:
«Es mejor tener dinero controlado para medicina y luz que tener el petróleo bajo tierra sin producir nada».
¿QUIÉN GANA CON ESTE CONVENIO?
1. La inversión para la reconstrucción de la empresa venezolana se queda en el país (100 mil millones de dólares); toda la infraestructura reconstruida pasa a ser del Estado venezolano.
2. Gana activos fijos y modernización tecnológica.
3. Ganan las transnacionales norteamericanas cuando invierten en nuevos software, control técnico y el monopolio de las refinerías.
EL BLINDAJE LEGAL
Aunque no se conocen los detalles del acuerdo, intuimos que, si es un acuerdo bilateral, el derecho internacional aplica el principio de:
«Pacta sunt servanda» (los pactos deben cumplirse).
Con la nueva reforma de la Ley de Hidrocarburos, el convenio se adapta a la legislación venezolana, donde las transnacionales no resuelven en tribunales venezolanos cualquier disputa, sino en cortes neutrales externas.
CONVENIOS CON CHINA, RUSIA E IRÁN
1. China no busca confrontación directa con los EE. UU. Su objetivo es financiero y comercial. Venezuela le debe millones de dólares a Pekín. Creemos que China actuará como acreedor; es decir, Venezuela está obligada a pagar sus obligaciones con el gigante asiático.
2. La Federación Rusa queda fuera de la negociación, ya que, producto de la guerra en Ucrania, no tiene en este momento capacidad para invertir a la par de las empresas norteamericanas, aunque creemos que va a buscar su participación bajo la modalidad de empresas mixtas.
3. En el caso de la República Islámica de Irán, que es el verdadero objetivo militar norteamericano, este convenio rompe totalmente la relación entre Irán y Venezuela y facilita el control norteamericano en la guerra contra Irán, específicamente en el delicado tema del estrecho de Ormuz.
Finalmente, se refuerza el nuevo orden energético de los EE. UU. en el continente americano y hacia el mundo.
IMPACTO GEOPOLÍTICO Y ELECCIONARIO
PARA DONALD TRUMP

