Carmen Teresa Navas tardó 16 meses en encontrar a su hijo. Lo encontró muerto. Beatriz lleva siete años sin respuesta. Al menos 21 personas han muerto bajo custodia del Estado chavista. #SonLosMismos
Antonio Ledezma
Alcalde Mayor de Caracas · En el exilio desde 2017
#SonLosMismos
Víctor Hugo Quero salió de casa el 1 de enero de 2025 con hallacas y bombones. Iba a celebrar el año nuevo con su madre. La DGCIM lo interceptó en Plaza Venezuela y se lo llevó. Carmen Teresa Navas, 83 años, pasó los siguientes 16 meses recorriendo infructuosamente cárceles, tribunales, hospitales y organismos públicos preguntando dónde estaba su hijo. Finalmente la llevaron esta semana a la tumba donde lo enterraron.
Su dolor: “me mataron a mi hijo”, dijo. “Nunca me dejaron verlo”, atravesó a toda la nación que esta semana ha reaccionado indignada.
Al otro lado de esa misma noche está Beatriz, madre de Hugo Marino, buzo ítalo-venezolano que aterrizó en el aeropuerto de Maiquetía en abril de 2019 y desapareció para siempre dentro del sistema represivo de la dictadura venezolana. Beatriz lleva siete años haciendo la misma pregunta que Carmen Teresa: ¿dónde está mi hijo? La CIDH y la ONU se han pronunciado sobre el caso que suma uno de los tantos expedientes que corren ante la Corte Penal Internacional. El régimen guarda silencio.
El régimen ha construido un sistema represivo que desaparece, viola y tortura sistemáticamente, pero que luego llama “tonterías” —calificativo de ese comisario con credenciales de embajador que es Félix Plascencia— al dolor de quienes las buscan. El sarcasmo y la burla son parte del crimen.
Esta semana, mientras Carmen Teresa Navas exhumaba a su hijo en un cementerio de Caracas, yo recibía en Zaragoza el Premio Estrella de Europa. Lo recibí pensando en ella. Pensando en Beatriz. Pensando en todos los que no tienen tribuna, solo una familia que espera.
Por eso dije lo que dije: esta Estrella no es mía.
Europa sabe lo que cuesta reconstruir un país después del horror. Esa memoria no puede quedarse enmarcada en los museos. Tiene que convertirse en presión sobre quienes hoy quieren normalizar al régimen, levantar sanciones, estrechar manos manchadas, como si un barril de petróleo valiera más que la vida de un comerciante de La Hoyada que salió de casa con hallacas y no volvió.
Zaragoza, España, Europa: no olviden a Venezuela.

