El deporte infantil puede ser una herramienta para fortalecer la autoestima, la disciplina y la convivencia, pero cuando la competencia se convierte en una exigencia permanente puede generar ansiedad, miedo a fallar y problemas de bienestar psicológico.
Un proyecto desarrollado con jóvenes futbolistas de la Comunidad de Madrid encontró que, antes de una intervención psicológica, alrededor del 35 % presentaba riesgo de problemas psicológicos, mientras que un 7 % mostraba niveles bajos o muy bajos de bienestar y un 3 % presentaba indicadores compatibles con sintomatología depresiva.
La presión por ganar, el temor a equivocarse, los entrenamientos excesivos y las expectativas poco realistas de padres o entrenadores pueden transformar una actividad saludable en una fuente de angustia.
Un estudio publicado este año con 678 jóvenes deportistas también encontró que la percepción de un ambiente excesivamente perfeccionista creado por los entrenadores se relaciona con mayor miedo al fracaso y menor bienestar psicológico.
Los especialistas destacan que la solución no consiste en alejar a los niños del deporte, sino en construir un entorno donde el esfuerzo, el aprendizaje y la diversión tengan mayor importancia que el resultado.
La intervención realizada en Madrid mostró resultados positivos: mejoró el bienestar de los participantes y redujo prácticamente a la mitad los indicadores de sintomatología depresiva entre quienes presentaban mayor malestar.
El mensaje para familias y entrenadores es claro: un niño no debería sentir que perder un partido significa decepcionar a los adultos que lo rodean. El deporte debe contribuir a su desarrollo, no convertirse en una fuente de sufrimiento.

