Una investigación internacional reveló que el consumo elevado de sal puede alterar el metabolismo hepático y favorecer procesos inflamatorios asociados con una enfermedad grave del hígado, incluso en organismos sin obesidad. Los resultados, obtenidos en ratones, plantean nuevas interrogantes sobre los efectos del sodio en la salud.
El consumo excesivo de sal, habitualmente relacionado con la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares, podría tener consecuencias adicionales sobre el funcionamiento del hígado. Así lo señala una investigación de la Facultad de Medicina Duke-NUS, en Singapur, publicada en septiembre de 2026 en la revista científica Molecular Metabolism.
El estudio identificó mecanismos mediante los cuales una dieta rica en sodio puede modificar el procesamiento de las grasas en el hígado y activar respuestas del sistema inmunitario que favorecen la inflamación y la formación de tejido cicatricial.
Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es que estos efectos se observaron en animales que no desarrollaron obesidad, una condición tradicionalmente asociada con las enfermedades hepáticas de origen metabólico.
UNA ENFERMEDAD QUE TAMBIÉN AFECTA A PERSONAS DELGADAS
La investigación se concentró en la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica, conocida por sus siglas en inglés como MASH.
Esta enfermedad se caracteriza por una inflamación persistente del hígado que puede provocar fibrosis, es decir, la formación progresiva de cicatrices en sus tejidos. En los casos más graves puede evolucionar hacia cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado.
Aunque suele relacionarse con el sobrepeso, la obesidad y otras alteraciones metabólicas, los especialistas han identificado pacientes con peso corporal normal que también desarrollan formas avanzadas de la enfermedad.
Para comprender este fenómeno, científicos de Singapur, Estados Unidos y Reino Unido desarrollaron un modelo experimental utilizando ratones alimentados con una dieta de tipo occidental, complementada con fructosa y cantidades elevadas de sal.
Los investigadores comprobaron que, mientras los animales sometidos a una dieta sin el suplemento elevado de sal desarrollaban obesidad y enfermedad hepática, aquellos que recibieron el suplemento presentaban un patrón diferente: menor acumulación de grasa en el hígado, pero inflamación significativa y fibrosis.
LA SAL MODIFICA EL METABOLISMO HEPÁTICO
Los análisis demostraron que el exceso de sal produjo modificaciones en procesos celulares relacionados con el metabolismo de las grasas, la actividad de las mitocondrias y el ciclo de la urea, mecanismo mediante el cual el organismo procesa y elimina sustancias derivadas del metabolismo de las proteínas.
Paradójicamente, los animales expuestos a cantidades elevadas de sal mostraron una mayor capacidad para descomponer grasas y una menor acumulación de estas en el hígado.
Sin embargo, esa aparente mejoría metabólica estuvo acompañada por la activación de células inmunitarias que desencadenaron respuestas inflamatorias.
Este resultado sugiere que una menor acumulación de grasa hepática no necesariamente representa una protección frente al daño del órgano.
Los científicos consideran que existen diferencias importantes entre los mecanismos que provocan la enfermedad hepática en organismos con obesidad y aquellos que mantienen un peso normal.
NUEVAS POSIBILIDADES PARA EL DIAGNÓSTICO
Los resultados abren oportunidades para investigar tratamientos más específicos, especialmente dirigidos a pacientes que desarrollan esteatohepatitis sin presentar obesidad.
El modelo experimental permitirá estudiar indicadores biológicos que faciliten la detección temprana de la enfermedad y evaluar sustancias capaces de bloquear los mecanismos inflamatorios identificados.
También podría contribuir a comprender por qué determinados tratamientos dirigidos a enfermedades hepáticas relacionadas con la obesidad no ofrecen los mismos resultados en pacientes delgados.
No obstante, los investigadores subrayan que los hallazgos corresponden a experimentos realizados en ratones. Todavía se necesitan estudios clínicos para establecer si el consumo excesivo de sal desempeña el mismo papel en el desarrollo de esta enfermedad en seres humanos.
LA IMPORTANCIA DE MODERAR EL CONSUMO
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos consuman menos de cinco gramos de sal al día, equivalentes aproximadamente a una cucharadita, considerando tanto la sal añadida durante la preparación de las comidas como la presente en productos procesados.
Entre los alimentos que pueden aportar cantidades importantes de sodio se encuentran los embutidos, conservas, aperitivos salados, salsas comerciales y diversos productos ultraprocesados.
Reducir la ingesta de sal constituye una medida preventiva reconocida para disminuir el riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
La nueva investigación amplía el conocimiento sobre los posibles efectos del sodio en otros órganos y refuerza la necesidad de continuar estudiando cómo los hábitos alimentarios pueden influir en la aparición y progresión de enfermedades metabólicas.

