El 3 de noviembre de este año se realizarán las elecciones intermedias en Estados Unidos (midterm elections). Estas tienen como objetivo fundamental realizar una especie de referéndum sobre la gestión de los presidentes norteamericanos, y su mecánica está determinada por la manera en que los ciudadanos y, especialmente, el Deep State (Estado profundo) norteamericano balancean y equilibran el poder según sus intereses.
En estas elecciones se renueva una parte importante del aparato legislativo federal y estatal del Gobierno estadounidense, que supuestamente representa lo más cercano a lo que pudiésemos denominar el poder del pueblo.
Allí se elegirán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 escaños del Senado. Igualmente, se elegirán los gobernadores de 36 estados, alcaldes y jueces, además de celebrarse consultas locales. Es, realmente, uno de los mayores estremecimientos de la estructura orgánica del Estado norteamericano y su gobernanza.
La importancia de este evento electoral, que se celebra cada dos años, reside en la capacidad que tendrán los dos partidos, demócrata y republicano, para mantener la mayoría de los escaños y, al lograrlo, por razones lógicas, influir de manera determinante en las decisiones del presidente; en este caso específico, Donald Trump.
Si los demócratas logran el control de la mayoría de los escaños en la Cámara de Representantes y en el Senado, esto significaría, directamente, un bloqueo a sus proyectos de ley.
Además, es conocida la influencia que tiene el Deep State estadounidense sobre los legisladores, por medio de financiamientos bastante importantes, o diríamos multimillonarios, que, a la larga, van a determinar las decisiones legislativas y políticas nacionales y globales del Gobierno norteamericano.
Esta influencia se manifiesta en el complejo militar-industrial (pork barrel o «barril de cerdo»), el impresionante sector comercial, los impactos en las bolsas de valores producto de los contratos energéticos, petroleros y de alta tecnología, mediante el denominado cabildeo y sus políticas de puertas giratorias, etcétera.
Por esa razón, el presidente Trump, conociendo muy bien la posibilidad de perder un alto porcentaje de los escaños en estas cámaras, ha decidido realizar una campaña de apoyo a su partido, el Republicano, basada en las políticas que dirige en el ámbito internacional, como es el caso de:
1. Acuerdos importantes y millonarios con las empresas petroleras, energéticas y tecnológicas que financian a los legisladores de las dos cámaras, como los acuerdos firmados con Venezuela en el ámbito petrolero; la prohibición a Ucrania de bombardear instalaciones petroleras rusas; la suspensión de sanciones específicas a Rusia en el sector petrolero y del diésel, y los acuerdos multimillonarios con la República Popular China en las áreas de alta tecnología.
2. Ralentización de las acciones de guerra en Oriente Medio, presionada por la crisis del estrecho de Ormuz.
Recordemos que existen sectores del Deep State, como Soros, BlackRock, Vanguard Group, las corporaciones tecnológicas, el complejo militar-industrial y de defensa, las agencias de inteligencia y seguridad nacional, la alta burocracia federal, los centros de pensamiento y foros globales, la banca Rothschild, etcétera, en total pugna con las políticas de Donald Trump.
A estos sectores les caería como anillo al dedo aumentar su influencia dentro de ambas cámaras y detener las decisiones del inquilino de la Casa Blanca.
En conclusión, las elecciones de medio término en Estados Unidos son, en definitiva, muy importantes para la gobernanza interna y para la paz mundial, así como para el logro de los objetivos propuestos por la Administración Trump a nivel global.
Esto se debe a que, en estos momentos, los lobistas de estos impresionantes poderes fácticos están entregando ingentes cantidades de dinero —una práctica que, bajo determinadas condiciones, es legal en Estados Unidos— a sus legisladores para lograr grandes contrataciones en todas las áreas y, finalmente, neutralizar al Catire Trump.

