El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, afirmó que actualmente “nadie está robando petróleo venezolano” y sostuvo que durante las últimas dos décadas China habría adquirido crudo venezolano a precios “muy por debajo del mercado”.
Las declaraciones fueron realizadas durante una entrevista con la cadena estadounidense NewsNation, en medio de la nueva estrategia de Washington sobre el sector energético venezolano. Wright aseguró que Estados Unidos está comercializando actualmente el crudo venezolano a precios de mercado y que los recursos obtenidos están siendo destinados nuevamente a Venezuela.
Según el funcionario estadounidense, la comercialización del petróleo venezolano en condiciones desfavorables habría contribuido al deterioro económico del país. Wright también señaló como responsables del desvío de crudo a redes de contrabando y a hechos de corrupción dentro de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA).
La afirmación se produce después del acuerdo anunciado por el presidente Donald Trump mediante el cual Estados Unidos obtuvo una participación mayoritaria en una estructura destinada a explotar alrededor de 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas, correspondientes a aproximadamente una quinta parte de las reservas probadas del país.
Wright calificó la nueva política estadounidense como una “gran victoria” y defendió que Washington está utilizando el comercio y la energía como instrumentos de influencia. Sin embargo, sus declaraciones también han generado cuestionamientos debido al alcance del nuevo acuerdo petrolero y al control estadounidense sobre una parte significativa de los recursos venezolanos. Expertos y abogados han pedido mayor transparencia sobre las condiciones del convenio.
El funcionario rechazó, por otra parte, la posibilidad de aplicar una estrategia similar contra el comercio petrolero entre Irán y China. Mientras Washington sostiene que su intervención permitirá recuperar valor para Venezuela, analistas advierten que la deteriorada infraestructura petrolera del país podría retrasar durante años cualquier aumento significativo de la producción.
La nueva política energética estadounidense supone así un profundo cambio en el mapa de intereses petroleros de Venezuela, desplazando parcialmente a empresas y operadores vinculados con China y Rusia y ampliando la presencia de capital estadounidense en la industria.

