Un estudio científico realizado en Estados Unidos revela que los ovarios continúan experimentando cambios biológicos décadas después de finalizar su función reproductiva. El descubrimiento podría abrir nuevas líneas de investigación sobre el envejecimiento femenino y su relación con determinadas enfermedades.
Un equipo de investigadores de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, en Estados Unidos, ha descubierto que los ovarios mantienen una importante actividad biológica incluso décadas después de la menopausia, contradiciendo la creencia de que estos órganos permanecen prácticamente inactivos una vez concluida su función reproductiva.
La investigación, publicada este 14 de octubre en la revista científica Aging Cell, analizó tejidos ováricos de 28 mujeres con edades comprendidas entre los 50 y 75 años. Los resultados demostraron que estos órganos continúan experimentando modificaciones moleculares y estructurales relacionadas con el envejecimiento.
Los científicos identificaron cambios progresivos en las proteínas del tejido ovárico, acompañados de procesos inflamatorios y alteraciones en su estructura interna. Estos hallazgos sugieren que los ovarios podrían desempeñar funciones adicionales a la reproducción y mantener una relación con otros sistemas del organismo.
UN ÓRGANO QUE NO DEJA DE CAMBIAR
La investigadora Francesca Duncan, profesora asociada de ciencias reproductivas de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, explicó que tradicionalmente se consideraba que los ovarios dejaban de tener una función relevante después de la menopausia.
Sin embargo, las nuevas observaciones demuestran que estos órganos continúan transformándose con el paso de los años, incluso cuando ya no poseen la capacidad de sostener la fertilidad.
Para estudiar estos cambios, los investigadores utilizaron tecnologías avanzadas de proteómica y espectrometría de masas, que permiten identificar y cuantificar miles de proteínas presentes en los tejidos.
En total, analizaron 5.812 grupos de proteínas y encontraron diferencias significativas entre los ovarios de mujeres de aproximadamente 50 años y los de aquellas que superaban los 70.
En las mujeres más jóvenes predominaban proteínas relacionadas con el mantenimiento celular y la conservación de los tejidos, mientras que en edades avanzadas aumentaban las asociadas con procesos inflamatorios, actividad inmunitaria y reorganización estructural.
POSIBLE RELACIÓN CON EL CÁNCER DE OVARIO
Uno de los aspectos más relevantes del estudio fue la identificación de características moleculares que también aparecen en determinados procesos relacionados con el cáncer de ovario.
Los investigadores observaron que algunos componentes asociados con la inflamación y la fibrosis aumentaban con la edad, generando condiciones biológicas que merecen una investigación más profunda.
No obstante, los especialistas aclararon que estos hallazgos no significan que los ovarios envejecidos sean cancerosos ni que necesariamente desarrollarán tumores.
Las muestras examinadas correspondían a tejidos considerados normales y libres de cáncer. La coincidencia de determinados patrones moleculares únicamente plantea nuevas interrogantes sobre la relación entre el envejecimiento ovárico y la aparición de enfermedades.
Los científicos consideran necesario desarrollar investigaciones adicionales para determinar si estas transformaciones constituyen procesos naturales del envejecimiento o si pueden contribuir a incrementar determinados riesgos para la salud.
NUEVAS PERSPECTIVAS PARA LA SALUD FEMENINA
La investigación también plantea la posibilidad de que los ovarios continúen influyendo en otros órganos después de la menopausia, particularmente en sistemas relacionados con la salud ósea, cerebral y metabólica.
Birgit Schilling, investigadora del Instituto Buck y coautora del estudio, destacó la importancia de comprender el funcionamiento de los ovarios más allá de su papel reproductivo.
Aunque se conocen las relaciones entre las hormonas ováricas y distintos órganos, todavía se desconoce hasta qué punto los cambios moleculares identificados después de la menopausia tienen consecuencias directas sobre la salud general.
Otro interrogante consiste en determinar si, durante determinadas etapas del envejecimiento, la actividad ovárica podría resultar beneficiosa o perjudicial.
Los autores subrayaron que los resultados no justifican la extirpación preventiva de ovarios sanos ni representan, por ahora, un cambio en las recomendaciones médicas.
UN CAMINO ABIERTO A NUEVAS INVESTIGACIONES
El estudio constituye un avance en la comprensión del envejecimiento reproductivo femenino, pero sus autores reconocen que el reducido número de muestras obliga a continuar investigando antes de establecer conclusiones definitivas.
La información obtenida podría contribuir al desarrollo futuro de herramientas para identificar alteraciones ováricas relacionadas con la edad y comprender mejor su posible participación en enfermedades crónicas.
El descubrimiento modifica una concepción tradicional de la biología femenina: aunque la menopausia representa el final de la etapa reproductiva natural, no significa que los ovarios hayan concluido toda su actividad biológica.

