Los delincuentes que roban teléfonos móviles suelen envolverlos en papel de aluminio con la intención de bloquear las señales de geolocalización y evitar que sean rastreados. Sin embargo, expertos en ciberseguridad advierten que este método, inspirado en el principio de la jaula de Faraday, no siempre resulta efectivo.
Una investigación reciente señala que el papel de aluminio puede reducir parcialmente las señales de radio, pero presenta múltiples fugas que permiten el paso de emisiones de telefonía móvil, GPS, Wi-Fi o Bluetooth. Esto significa que, en determinadas condiciones, los dispositivos aún pueden ser localizados.
Los especialistas explican que una auténtica jaula de Faraday requiere una estructura metálica completamente cerrada y sin aberturas. En cambio, envolver un teléfono con varias capas de papel de aluminio suele dejar pequeñas rendijas que comprometen su capacidad de aislamiento.
Además, la eficacia del bloqueo depende del tipo de señal, la frecuencia utilizada y la calidad del recubrimiento. En algunos casos, aplicaciones de rastreo y servicios de localización continúan recibiendo información suficiente para identificar la ubicación aproximada del dispositivo.
Los investigadores recomiendan a los usuarios activar funciones como «Encontrar mi dispositivo» o «Buscar» antes de una eventual pérdida o robo, ya que estas herramientas aumentan las posibilidades de recuperar el equipo o, al menos, proteger la información almacenada.
El estudio pone de manifiesto que las técnicas improvisadas empleadas por los delincuentes no garantizan el anonimato de los dispositivos robados y que las tecnologías de rastreo continúan evolucionando para superar este tipo de barreras.

