Desde el análisis ontológico, es decir, desde el ser, la maldad no es una entidad, no es una sustancia y menos un ser que camina, habla y que existe como cuerpo.
Es, más bien, una falta, una ausencia del bien. Diría San Agustín:
… “Privatio boni” …
es un no-ser.
Tal vez pudiésemos decir que emerge cuando un sujeto pierde el bien que le corresponde:
… “Es como un bien nacido muerto” …
En los pares dialécticos, la maldad no existe sola o por sí misma; no es una cualidad contraria al bien. Un ejemplo que nos podría ayudar es el concepto de:
… “oscuridad como ausencia de luz” …
Nietzsche argumenta que lo bueno y lo malo son construcciones sociales que provienen de la moral de los esclavos, en su profundo resentimiento hacia sus amos “malos”, esto como base judeocristiana de lo que él llamó:
… “la voluntad de poder” …
es decir:
… “los amos son malos porque son nuestros amos y nosotros somos buenos porque sufrimos la consecuencia de ser esclavos” …
Para Heidegger, la maldad es ferocidad y furia del ser; es pura maldad del ser, es ensimismamiento; es como:
… “un corazón duro que se niega a abrirse” …
es la renuncia a la responsabilidad.
Pudiésemos entonces indicar, de manera operativa y pragmática, que la maldad es una cualidad del ser humano para producir daño, dolor y sufrimiento a otro ser humano —o no— sin tener resentimiento; inclusive, logrando placer por el daño al otro diferente.
Cuando producimos daño o cuando somos crueles, es muy posible que tengamos una desconexión emocional, o lo que yo llamaría:
… “la naturalización de la maldad” …
Y es posible que esa naturalización de la maldad deba su aparición a la repetición constante del acto o fenómeno de maldad existencial vivido, como, por ejemplo:
… “el hombre que golpea a su mujer y luego le dice que lo hace porque la ama”…,
o aquel sujeto multimillonario que posee condiciones materiales de vida extraordinariamente satisfactorias, que se acostumbra a esas condiciones, negando toda existencia —humana o no— a su alrededor, y bombardea, secuestra, asesina y mutila naciones enteras porque considera que es parte de su negocio personal o de su vida normal, sin saber, considerar ni reconocer que lo que hace es maldad; y que, al contrario, cree hacerlo en nombre de Dios, que lo eligió a él o a su pueblo para llevar sufrimiento.
Como diría el filósofo Slavoj Žižek en su magistral libro:
… “¿Por qué no saben lo que hacen?” …
… “La gente actúa bajo una ignorancia ideológica donde, aunque conozcan la verdad, se comportan como si no, perpetuando estructuras de goce y maldad, sin ser conscientes de su implicación real” …
Pudiésemos concluir desde Žižek que:
… “la maldad es goce porque la misma superestructura ideológica, social y económica, nos indica cómo debemos caracterizar y disfrutar el goce y la relación con el otro diferente” …
Pero, insisto, me gustaría volver al concepto de:
… “naturalización de la maldad” …,
ya que, para el pueblo de Venezuela, sería terrible naturalizar los acontecimientos crueles y de maldad imperial, sionista y fundamentalmente capitalista que ocurrieron el 3 de enero de este año, especialmente en Caracas, con el secuestro de la pareja presidencial y el asesinato de más de 150 hermanos en resistencia.
Sería totalmente doloroso y, en consecuencia, corroboraríamos en carne viva la tesis de Nietzsche en cuanto a:
… “la maldad de los esclavos y su resentimiento con sus amos” …
En consecuencia, los venezolanos estamos obligados a no olvidar ni naturalizar lo ocurrido. Debemos, por esa razón, conducirnos con una firme:
… “adaptación activa a la realidad” …
a entender que no hemos sido derrotados, que seguimos en pie de lucha, en combate directo contra el enemigo fundamental de la humanidad, como es el imperio norteamericano; que la batalla política la estamos ganando, así como la batalla moral, y que debemos entender realmente cuál es la dirección por donde emerge la maldad.
Comprender, principalmente, que la crueldad lleva en su vientre un cinismo salvaje que puede llegar a extremos desconocidos por nosotros, negociando hoy como humildes ovejas y traicionando luego como insensibles bestias.
La maldad es una enfermedad del ser; es psicopatía pura. En su vientre mora mucho odio; es inmisericorde y profundamente mitómana; se refuerza en sus mitos judeocristianos y sionistas, y es inhumana por excelencia; nunca reconocerá al resto del mundo como humanos diferentes.

