Friedrich Nietzsche, en sus impresionantes libros Más allá del bien y del mal y La genealogía de la moral, nos habla de la moral y nos indica que esta no es una ley divina ni universal.
Para el gran pensador alemán, la moral es un invento humano, una herramienta para controlar instintos y mantener el poder.
Según Nietzsche, existen dos morales:
1) La moral de los amos:
La de los poderosos, los nobles, los de “color blanco”, donde todo lo bueno moralmente es aquello que representa fuerza, vitalidad, excelencia y, fundamentalmente, orgullo. Lo malo es lo débil, lo cobarde, los pobres, los “pata en el suelo”, el barrio, etcétera.
2) La moral de los esclavos:
Tiene su origen en el resentimiento de los pobres, esclavos y siervos hacia los amos fuertes. Para estos, lo bueno es aquello que alivia el sufrimiento: la compasión, la humildad y la igualdad; mientras que lo malo es el poder y la superioridad, ideas judeocristianas naturalizadas en nuestro inconsciente y que veneramos y alabamos en nombre de un ser todopoderoso.
La gran diferencia entre la moral de los esclavos y la moral de los amos es que los amos consideran bueno todo aquello que impulse su orgullo, su creencia en sí mismos, su poder y control sobre los demás; creen en el combate y en la lucha.
En la moral de los esclavos, estos creen que repudiando las cualidades de los poderosos amos logran reivindicarse. En consecuencia, las cosas buenas son todas aquellas que, de alguna manera, provienen de la condición cristiana para poder llevar una vida más significativa en su condición de esclavos. Por ejemplo, al obedecer al amo definen la obediencia como algo bueno y la naturalizan, mientras que tener orgullo y hacerse respetar es malo, incluso bajo brutales castigos.
En palabras domésticas, la moral del amo nace del fuerte y la moral del esclavo nace del débil.
Nietzsche nos indica que existe una contradicción entre las consecuencias y la intención, y esto tiene que ver con que la moral del esclavo es una reacción a la opresión del amo, creada en oposición a los más fuertes y a todo aquello que estos valoran como bueno.
Esta moral de los débiles no aspira a experimentar la voluntad de poder por su propia supremacía, sino mediante una cuidadosa sumisión que le permita cierta utilidad para sobrevivir.
Un siglo antes, en el siglo XVIII, Immanuel Kant plantearía lo que denominó el imperativo categórico, parte fundamental de su ética y moral kantiana, cuyo precepto consiste en un mandato moral obligatorio, absoluto y universal, que exige actuar bajo normas que busquen convertirse en leyes universales.
En consecuencia, Kant nos plantea las siguientes premisas morales:
1) “Obra solo según aquella máxima por la cual puedas querer que, al mismo tiempo, se convierta en ley universal”.
2) “Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca simplemente como un medio”.
3) “Obra como si, por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de fines”.
En consecuencia, la clave de esta moral kantiana se basa en tres principios fundamentales:
- Actúa por deber; debes actuar siempre respetando el deber del hacer.
- El mayor acto moral es la buena voluntad; es decir, actuar de buena voluntad, pues no existe acto superior a este.
- El imperativo categórico es incondicional.
Ahora bien:
Luego de este pequeño recorrido filosófico, me gustaría invitarlos a realizar un ejercicio de análisis sobre una situación real donde, utilizando la técnica de la pregunta mayéutica, se pudiesen visualizar los tipos de moral antes descritos, buscando con esto seducirlos a desarrollar analogías o diferencias que nos permitan identificar y caracterizar la línea moral de determinados comportamientos.
Ejercicio analítico
Luego de los bombardeos del 3 de enero de este año en la capital de Venezuela, Caracas, por parte del ejército de ocupación norteamericano, que dejó más de 300 víctimas mortales y el secuestro de la pareja presidencial, el día de ayer, sábado 23 de mayo, se realizó un supuesto simulacro —para mí, guerra psicológica— promovido por la embajada norteamericana en Venezuela, donde se pudo observar la movilización de tropas de este ejército, así como el sobrevuelo del espacio aéreo venezolano por naves de combate, la presencia en aguas de nuestras costas de buques y acorazados de guerra estadounidenses y, como si fuera poco, la presencia del jefe del Comando Sur, general Francis Donovan.
En pocas palabras, se pasó de un sencillo y rutinario simulacro preventivo a un impresionante ejercicio militar de guerra.
Pregunta mayéutica
¿Será que la administración del gobierno encargado está sufriendo del denominado síndrome de Estocolmo o, definitivamente, esta encargaduría se maneja dentro de la moral de los esclavos, sin preocuparse de poseer al menos algunos de los principios del imperativo categórico kantiano?

