En el mundo se viven momentos de tensión política y de acciones militares. Desde el ataque a Israel por parte de Hamas, en 2024, y la posterior respuesta militar de Israel y Estados Unidos contra Gaza, Líbano e Irán, así como el combate a Hezbolá, Hamás, hutíes, y ahora la muerte del líder de Irán junto a sus comandantes militares, se nos da una demostración de que el imperio norteamericano está más fuerte que nunca y haciendo lo que la ONU no ha podido hacer: desmontar gobiernos tiránicos, dictaduras homicidas que violan derechos humanos y se escudan en la mal llamada “libre determinación de los pueblos”, apoyadas por gobiernos complacientes e indiferentes que han convertido a la ONU en un organismo burocrático inoperante, que irónicamente Estados Unidos financia casi en su totalidad.
La acción del 3 de enero en Venezuela, el derrocamiento de Nicolás Maduro y su traslado a EE. UU. para ser juzgado por narcotráfico y posiblemente por torturas y asesinatos de líderes políticos venezolanos, coloca a Venezuela como un país con un proceso de transición política inédito, basado en la experiencia norteamericana en anteriores ocupaciones y derrocamientos de gobiernos.
Pero me quiero referir a la situación venezolana y a cómo los cambios que se suceden en el país, en forma gradual y bajo la tutela norteamericana, tienen relevancia debido a que el presidente estadounidense dice que es posible aplicar un modelo similar de transición en Irán. Es decir, lo que suceda en Venezuela puede ser el modelo a aplicar en Irán; por ello, los anuncios y acontecimientos en Venezuela deben conducir a una democracia plena y libre. De allí que los analistas y asesores revisen y sigan muy de cerca los movimientos venezolanos.
Es así que vemos cómo John Ratcliffe, director de la CIA, fue el primer funcionario norteamericano en reunirse con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y con Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, ministros de Interior y Justicia y de Defensa, respectivamente. Luego se da la visita del secretario de Energía, Chris Wright, quien fue recibido en el Palacio de Miraflores, en Caracas, y donde el parlamento venezolano, por indicaciones del gobierno norteamericano, aprobó de manera rápida una Ley de Hidrocarburos que permite el control norteamericano sobre la industria petrolera venezolana.

También Laura Dogu, encargada de Negocios de la Oficina Externa de EE. UU. para Venezuela, llegó al país y se instaló en la sede de la embajada norteamericana. Allí se ha visto mucho movimiento con la llegada de equipos y materiales, lo cual hace prever que la embajada estadounidense estará funcionando nuevamente.
Notoria también fue la visita del jefe del Comando Sur, el general Francis Donovan, quien llegó directamente a la embajada norteamericana y luego se reunió con funcionarios venezolanos, dejando claro que volvería en fecha próxima para afianzar el proceso de transición; y la más reciente visita de Doug Burgum, secretario del Interior y presidente del Consejo Nacional de Energía de Estados Unidos, quien vino a tratar todo lo referente a explotación minera y la adaptación a la nueva realidad política.
Este desfile de funcionarios de alto nivel nos da una muestra de quién toma las decisiones en Venezuela y de que el proceso de transición está en marcha. Cabe mencionar la liberación de presos políticos y la aprobación de una Ley de Amnistía que pone en libertad a un gran número de dirigentes políticos y sociales que se incorporan al debate político, así como la presencia de los medios de comunicación haciendo su trabajo de informar a la sociedad, a pesar de que aún no han derogado las leyes que coartan su trabajo informativo.
En Venezuela se comienzan a ver los reclamos por mejoras salariales, un punto caliente de la sociedad venezolana debido a los bajos ingresos de los trabajadores y pensionados (menos de 1 USD al mes), lo que los convierte en los peor pagados del continente, viviendo en condiciones de miseria.
Venezuela vive ahora momentos de alivio y esperanza, pero también de incertidumbre. La sociedad espera una convocatoria a elecciones para renovar todos los poderes públicos y así comenzar a desmontar el entramado burocrático de la llamada “revolución bolivariana”, que solo trajo miseria, corrupción y muerte.

