Estados Unidos lanzó una ofensiva aérea contra instalaciones de misiles iraníes fortificadas cerca del estrecho de Ormuz, utilizando bombas antibúnker de alta penetración de 5.000 libras para neutralizar emplazamientos que, según Washington, amenazaban el tránsito marítimo internacional en esta ruta clave para el comercio energético global.
El Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos informó que el operativo tuvo como objetivo varias posiciones reforzadas donde se almacenaban misiles antibuque y de crucero, diseñados para alcanzar buques que atraviesan el estrecho. Para destruir estos blancos, se emplearon “múltiples municiones de 5.000 libras” de penetración profunda, capaces de perforar estructuras subterráneas y refugios endurecidos antes de detonar.
Según las autoridades militares, “los misiles de crucero ubicados en estos sitios representaban un riesgo para el tránsito internacional en el estrecho”, por lo que su destrucción se considera un paso relevante para reducir la capacidad de Irán de interferir en el flujo de petróleo y gas hacia los mercados mundiales. La operación forma parte de una campaña más amplia destinada a neutralizar tanto baterías de misiles como posibles campos de minas navales a lo largo de la costa iraní.
El ataque se produjo después de que Estados Unidos e Israel intensificaran sus bombardeos sobre territorio iraní, incluidos anteriores ataques de precisión contra la isla de Jark, donde se destruyeron decenas de objetivos militares vinculados a la infraestructura defensiva de Teherán. Washington insiste en que busca limitarse a instalaciones militares, evitando dañar refinerías e instalaciones petroleras para no agravar aún más la inestabilidad en los precios globales de la energía.
La Casa Blanca enmarcó la ofensiva en la necesidad de garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, en un momento en que Irán ha amenazado con utilizar su arsenal de misiles y minas para condicionar el paso de buques comerciales y petroleros. El presidente Donald Trump había criticado en días previos la reticencia de algunos aliados de la OTAN a participar en operaciones para asegurar la zona y advirtió que Estados Unidos actuaría de forma unilateral si lo consideraba necesario para proteger el comercio marítimo y la estabilidad económica internacional.

