El 19 de abril de 1810, un número importante de militares, miembros del cabildo capitalino y ciudadanos caraqueños en general exigieron, en la plaza mayor de Caracas (Plaza Bolívar), la renuncia del capitán general Vicente Emparan (recordemos que Venezuela era parte de la Corona española, definida como una Capitanía General), creando o constituyendo una especie de junta muy conservadora que abogaba por los derechos de Fernando VII, quien había sido detenido y pagaba cárcel por orden directa del general francés Napoleón Bonaparte, al invadir España.
Aunque los burgueses venezolanos abogaban por los derechos del rey, ciertamente fue este el primer paso para que, un año después, el 5 de julio de 1811, se consolidara la firma de la Independencia total de la Corona española, momento histórico que llevaría a Venezuela a una inmisericorde guerra civil llamada independencia, que tendría un breve descanso el 24 de junio de 1821 con la formidable batalla de Carabobo, donde el Libertador Simón Bolívar, en menos de una hora de combate, vence a las tropas enemigas españolas lideradas por el general Miguel de la Torre.
Esta denominada junta conservadora por los derechos de Fernando VII fijó, dentro de sus numerosos reclamos y exigencias, la abolición del comercio de esclavos y, fundamentalmente, la eliminación de impuestos de exportación.
El domingo pasado, 19 de abril de 2026, la presidenta encargada Delcy Eloína Rodríguez Gómez convocó a todo el pueblo venezolano a participar en lo que ella ha llamado:
“…la peregrinación del pueblo venezolano por la abolición y eliminación de las sanciones unilaterales…”
que mantienen EE. UU. y la UE sobre todo el ámbito económico, político y social de Venezuela.
Y fíjense lo táctico del momento político con respecto a la simbología y a los tiempos:
En 1810, el 19 de abril, la burguesía criolla de la época se deslindó de la Corona española, aprovechando que el rey estaba preso y debía atender la invasión del general Bonaparte, para reclamar la eliminación de los impuestos de exportación, entre otras exigencias.
Ahora, en el año 2026, en este mismo 19 de abril, el nuevo gobierno chavista, aprovechando el enredo que tiene Donald Trump en Irán y a lo interno de su país, con una muy posible derrota en las elecciones de mitad de término, convoca a marchar a favor de la eliminación de las sanciones, movilizando a toda la nación en una sola caminata y voz.
Ahora, la pregunta que nos podríamos hacer es:
¿Por qué, en tiempos de excelentes relaciones con el enemigo invasor silencioso, la presidenta encargada realiza semejante invitación popular en contra de este, y en este momento histórico tan simbólico, que pudiese ser visto por los servicios de inteligencia de la CIA y el Mossad como un acto de desobediencia y altanería criolla, muy peligroso para las relaciones a futuro?
La respuesta es muy sencilla.
El invasor silencioso no ha podido tomar por asalto definitivamente las riquezas de la nación, ya que tiene sus manos y pies atados por las mismas sanciones y bloqueos que impuso al entorno económico del país, y se ve obligado a eliminarlas si desea que las negociaciones de ganar-ganar se produzcan. Al hacerlo, perdería el control y otorgaría al nuevo gobierno chavista la legitimidad para operar comercial y económicamente con el mundo.
Realmente es cuestión de tiempo y de lo que la presidenta ha llamado “paciencia estratégica” y resistencia en lo diplomático.
Eso lo sabe la oposición de la ultraderecha, consciente de lo cerca que está la decisión de eliminar estas sanciones, por razones vinculadas a la guerra en Irán y la situación económica mundial que afecta los bolsillos de los contribuyentes norteamericanos.
En consecuencia, esta ultraderecha acumula fuerza desde España, construyendo lobbies para presionar un proceso eleccionario acelerado, con incipientes pero firmes protestas en Caracas y otros estados, buscando debilitar la gestión de la presidenta encargada.
También consideran que, de mantenerse el actual escenario político y prolongarse el gobierno chavista hasta la mitad del período presidencial de Nicolás Maduro, la presidenta encargada podría completar el mandato conforme a la Constitución.
Por esa razón, el tiempo es fundamental dentro del análisis coyuntural del nuevo chavismo. En consecuencia:
- Se debe mantener la paciencia estratégica en la relación internacional y en las negociaciones energéticas.
- Sostener la estabilidad en las relaciones políticas externas.
- Abrir espacios en todos los sectores de la vida nacional, incluyendo aquellos críticos.
- Ganar tiempo para cumplir los plazos constitucionales y luego convocar a elecciones.
El filósofo Martín Heidegger, en su obra Ser y tiempo, introdujo el término “Dasein”, que puede traducirse como “ser ahí”.
En palabras de Heidegger, el ser humano es un ser proyectado hacia el futuro, cuya existencia se construye en esa proyección constante, dentro de un contexto que le da sentido.
Creemos que en esa proyección se encuentra el actual momento político analizado.

