Por: Antonio Ledezma
La tragedia vuelve a ensañarse con nuestro querido estado Vargas. Los recientes terremotos del pasado 24 de junio no hacen más que revivir los fantasmas del devastador deslave de diciembre de 1999, recordándonos, de la manera más dolorosa, que el Litoral Central es una de las regiones con mayor fragilidad geológica y ambiental de toda Venezuela. No podemos seguir atrapados en el ciclo de la improvisación y el lamento. Vargas exige soluciones estructurales, serias y con visión de futuro.
Por ello, en la búsqueda de respuestas certeras para levantar a nuestro litoral guaireño, es imperativo rescatar iniciativas académicas de vanguardia. El mundo y la academia se han volcado antes a ofrecernos su conocimiento, recibimos valiosos planes de naciones aliadas como Japón, así como propuestas de la Universidad de París, de Cataluña, y de prestigiosas instituciones norteamericanas como las universidades de Columbia y Harvard. Asimismo, nuestras propias casas de estudio dieron un paso al frente; la Universidad Central de Venezuela (UCV) abordó magistralmente el crítico tema de las quebradas, mientras que la Universidad Simón Bolívar (USB) enfocó sus esfuerzos en el rescate del área colonial.
Toda esta suma de voluntades y saberes debe converger ahora bajo una premisa innegociable: el suelo del litoral es sumamente frágil y está constituido por terrenos aluviales. En consecuencia, cualquier nuevo desarrollo inmobiliario, público o privado, debe acatar estrictamente las más rigurosas normas antisísmicas. Construir edificios con destinos habitacionales, industriales o comerciales; edificar escuelas y centros deportivos, sin respetar la naturaleza de estos suelos de aluvión no es solo una irresponsabilidad técnica, es un crimen contra la seguridad de nuestra gente.
Una de las más sólidas y completas ideas está recogida en el minucioso trabajo presentado por los técnicos venezolanos Carlos Genatios y Marianela Lafuente, titulado “Vargas: desastre, proyecto y realidad” (Ediciones CITECI). Otro destacado aporte lo encontramos en el «Plan Integral UNIMET para solventar la crisis apocalíptica de La Guaira», formulado bajo el liderazgo del Dr. José Ignacio Moreno León en su condición de rector de la Universidad Metropolitana (UNIMET). Este proyecto nació como una respuesta científica, urbanística y profundamente humana, concebida para replantear por completo el modelo de desarrollo de la región sobre bases sostenibles y de largo plazo. Es justicia reconocer el valiosísimo concurso del catedrático venezolano David Gouverneur, especializado en la transformación de asentamientos informales y el desarrollo urbano sostenible en áreas de rápido crecimiento.
Como bien ha señalado el Dr. Moreno León, la reconstrucción no puede limitarse a maquillar fachadas; debe sustentarse en criterios modernos de planificación territorial y una reducción permanente del riesgo. De haber puesto en marcha estos planes de forma progresiva, el impacto de las crisis actuales habría sido drásticamente menor.
Un Motor Económico y Turístico para el Caribe
No debemos olvidar que el estado Vargas posee condiciones estratégicas únicas: es el asiento de uno de los puertos de aguas profundas más importantes de Latinoamérica y la puerta de entrada al país a través del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Maiquetía. Hoy, ambos ejes neurálgicos han quedado afectados por los sismos. Sin embargo, esta intensa crisis debe ser asumida como una oportunidad histórica insoslayable para recuperarlos, modernizarlos y relanzarlos como verdaderos portentos de ingeniería y servicios que vigoricen a toda la región.
Nuestra meta final debe ser ambiciosa pero realizable: consolidar a Vargas como el gran hub turístico de nuestro Caribe. Para transformar este potencial en realidad, se propone impulsar las siguientes líneas de acción integral basadas en el rigor técnico de las líneas articuladas en esos planes, como el de la UNIMET y que prive una visión económica moderna:
Hay que garantizar la seguridad ciudadana: Reubicar de forma definitiva los asentamientos humanos en zonas de alto riesgo. Son miles de familias sin viviendas, que no pueden terminar siendo “damnificados perpetuos”, como lo padecen aun los miles de venezolanos que quedaron en esa condicione a raíz del desastre de diciembre de 1999.
Infraestructura técnica e innovación ambiental: Construir canales de control de quebradas y sistemas modernos de drenaje. Eso conlleva a Innovar transformando la adversidad en insumos: utilizar los millones de toneladas de escombros generados por los sismos para la construcción de canales navegables, integrándolos a los parques lineales y corredores ecológicos planteados en el diseño original. Hay que detener el crimen ecológico que consiste en echar esos escombros al mar.
Políticas económicas especiales y atracción de capitales: Para dinamizar el litoral, se requiere implementar un marco de incentivos fiscales y tributarios atractivos. El objetivo es calificar económicamente la zona y generar un entorno seguro que capte la confianza de inversionistas nacionales e internacionales de gran envergadura. Se han perdido miles de empleos y se hace indispensable revivir las actividades económicas que permitan el resurgimiento de nuevas plazas de trabajo.
Modernización y reordenamiento urbano: Recuperar integralmente a Macuto, La Guaira, Maiquetía y las poblaciones costeras, convirtiendo el eje Macuto–El Cojo en una moderna ciudad balnearia y desarrollando un gran bulevar costero sobre la avenida Soublette. Hay que rescatar la identidad, rehabilitando los ejes coloniales y el centro histórico de La Guaira como patrimonio cultural y atractivo turístico internacional.
Un proyecto de esta magnitud requiere recursos y una gerencia pulcra. Para ello, es indispensable acudir al financiamiento internacional mediante fondos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF), de donantes privados y de fondos de inversión internacionales.
Bajo nuestra visión, un gobierno verdaderamente comprometido en la instrumentación de soluciones, debe asumir un rol estrictamente habilitador —enfocado en la agilización de permisos, regulación inteligente y facilitación de procesos— pero no puede ser el administrador de los fondos. La historia reciente de Venezuela no lo permite; la transparencia y el control in terno y externo de estos recursos serán la única garantía de que cada centavo se traduzca en una obra concluida.
La reconstrucción del litoral guaireño no es solo una tarea técnica, es un deber moral con su gente. Contamos con los diagnósticos de la academia y las herramientas económicas del mundo moderno. Lo que hace falta es voluntad política, gerencia transparente y el firme compromiso de edificar un Vargas resiliente, próspero y seguro para las próximas generaciones.
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