Un estudio científico ha revelado que la creciente acidificación de los océanos, provocada por la absorción de dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera, podría estar afectando el desarrollo cerebral de algunos de los invertebrados más inteligentes del planeta, como los pulpos, sepias y calamares.
La investigación encontró que la exposición a condiciones oceánicas más ácidas durante las etapas tempranas de desarrollo puede provocar una reducción en el tamaño de estructuras cerebrales clave relacionadas con el aprendizaje, la memoria y el procesamiento sensorial. Los científicos advierten que estos cambios podrían afectar la capacidad de estos animales para alimentarse, evitar depredadores y adaptarse a su entorno.
Los cefalópodos son considerados los invertebrados con los sistemas nerviosos más complejos conocidos. Su capacidad para resolver problemas, utilizar herramientas, camuflarse y aprender de la experiencia los ha convertido en un importante objeto de estudio para la neurociencia y la biología marina.
La acidificación oceánica ocurre cuando los mares absorben parte del exceso de CO₂ generado por actividades humanas, principalmente la quema de combustibles fósiles. Este proceso reduce el pH del agua y altera las condiciones químicas de los ecosistemas marinos, afectando a numerosas especies.
Los autores del estudio señalan que, aunque se necesitan más investigaciones para determinar el impacto a largo plazo de estos cambios cerebrales, los resultados sugieren que el aumento continuo de la acidificación podría tener consecuencias significativas para la supervivencia y el comportamiento de los cefalópodos en las próximas décadas.
Los expertos subrayan que estos hallazgos se suman a la creciente evidencia de que el cambio climático no solo afecta los hábitats marinos, sino también el desarrollo y la fisiología de especies fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas oceánicos.

