Un estudio científico publicado en Nature Communications concluyó que el declive de los grandes herbívoros africanos estuvo relacionado principalmente con la escasa aparición de nuevas especies, más que con una mayor velocidad de extinción.
La investigación reconstruyó 23 millones de años de evolución de los ungulados africanos a partir de 3.327 registros fósiles correspondientes a 396 especies. Participaron investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales de España, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana y la Universidad de Alcalá, entre otras instituciones.
Los científicos determinaron que el clima africano comenzó a volverse más seco hace aproximadamente 7,2 millones de años, provocando cambios en los paisajes y la vegetación. Hace unos 3,6 millones de años disminuyó considerablemente la aparición de nuevas especies, mientras las extinciones continuaron aumentando.
Uno de los hallazgos más sorprendentes es que los animales de gran tamaño no desaparecieron más rápido que los pequeños. Durante los periodos de mayor aridez, los herbívoros de menos de 45 kilogramos se extinguieron apenas un 15 % más rápido que aquellos de más de una tonelada.
Sin embargo, los animales pequeños y medianos generaban nuevas especies a un ritmo 2,2 veces superior, lo que les permitió compensar mejor las pérdidas. En cambio, los megaherbívoros no producían suficientes especies nuevas para reemplazar las que desaparecían.
Los investigadores señalan que la expansión de ambientes abiertos, la creciente aridez y la menor productividad de los ecosistemas transformaron las comunidades animales africanas durante millones de años. El estudio también plantea que, aunque la actividad humana pudo influir en algunas desapariciones recientes, no habría sido la causa principal del declive general de estos grandes herbívoros.

