La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calificó de “muy grave” la crisis energética que atraviesa el mundo a raíz del bloqueo del estrecho de Ormuz y los ataques contra infraestructuras en Oriente Próximo, y advirtió que “ningún país será inmune” a sus efectos si la situación continúa deteriorándose.
En una presentación en el Club Nacional de Prensa de Canberra (Australia), el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, señaló que el contexto actual ha superado las grandes crisis petroleras de 1973 y 1979. Mientras en cada uno de esos episodios se perdían unos cinco millones de barriles de crudo al día, hoy el recorte alcanza los 11 millones de barriles diarios, “más que durante las dos mayores crisis del petróleo juntas”, según el responsable del organismo.
Birol sostuvo que la combinación de interrupciones en el suministro de petróleo y gas, sumadas a los daños en al menos 40 infraestructuras energéticas en nueve países de la región, está disparando la volatilidad en los mercados y encareciendo de manera sostenida los precios, como ya se aprecia en el repunte reciente del gas natural en Europa. “La economía mundial se enfrenta hoy a una amenaza muy seria”, resumió.
El director de la AIE subrayó que, en un mercado energético altamente interconectado, el impacto del conflicto trasciende al Medio Oriente. “Ningún país será inmune a los efectos de esta crisis si continúa yendo en la misma dirección”, afirmó, al explicar que el cierre de rutas estratégicas como Ormuz puede terminar afectando tanto al sur de Europa como al gigante asiático o a economías emergentes dependientes de combustibles fósiles baratos.
Ante este escenario, Birol reclamó un “esfuerzo global” que involucre a gobiernos de China, Estados Unidos, países de Oriente Próximo, Australia y Europa para estabilizar los flujos de energía, reforzar la seguridad de las infraestructuras y acelerar, en paralelo, las inversiones en fuentes renovables y eficiencia energética. Sin una respuesta coordinada, advirtió, el riesgo de una recesión mundial impulsada por el encarecimiento de la energía “dejará de ser una hipótesis para convertirse en una amenaza inminente”.

