La disfagia, una dificultad para tragar alimentos o líquidos, puede aumentar el riesgo de atragantamiento y de que parte de lo ingerido pase hacia las vías respiratorias. Por ello, las personas diagnosticadas con este trastorno deben prestar especial atención a la textura y consistencia de lo que consumen.
Entre los alimentos considerados de mayor riesgo se encuentran los duros, secos o crujientes, como frutos secos, pan tostado, galletas, papas chips y algunos quesos secos. También requieren especial precaución los alimentos pegajosos, como caramelos, miel, leche condensada y determinados dulces.
Otro grupo problemático está formado por los alimentos fibrosos o con pieles, semillas, huesos y espinas. Entre ellos figuran la piña, el apio, algunas verduras crudas, carnes fibrosas, frutas con semillas y pescados con espinas. Los alimentos que pueden liberar líquido al ser masticados también pueden representar un riesgo.
Especial cuidado requieren las llamadas “dobles texturas”, que combinan simultáneamente líquido y sólido, como sopas con trozos de pasta o verduras, leche con cereales y determinados postres o frutas. La combinación de diferentes consistencias puede dificultar el control del alimento durante la deglución.
¿Y las bebidas?
Los líquidos muy finos, como agua, café, infusiones, leche y algunos refrescos, pueden resultar difíciles de controlar para determinadas personas con disfagia. En estos casos, un profesional puede indicar el uso de espesantes para adaptar su consistencia. La textura adecuada debe determinarse individualmente, ya que no todas las personas con disfagia necesitan la misma modificación.
Los especialistas también recomiendan comer despacio, utilizar pequeñas cantidades, mantener una postura erguida durante la comida y permanecer sentado después de ingerir alimentos. Cuando existe disfagia, la alimentación debe adaptarse a las necesidades específicas de cada paciente y, de ser posible, contar con valoración profesional.
Una obstrucción completa de las vías respiratorias constituye una emergencia. Si una persona no puede hablar, respirar o toser eficazmente durante un atragantamiento, se requiere actuar inmediatamente y solicitar asistencia de emergencia.

